Líbano bajo fuego: La «Zona Tapón» de Israel desata una guerra abierta de drones y misiles
El tablero de Oriente Medio ha saltado por los aires este martes 3 de marzo de 2026. Lo que comenzó como una serie de escaramuzas fronterizas ha escalado a una ofensiva terrestre y aérea de proporciones masivas. El Ejército de Israel, bajo las órdenes directas del ministro de Defensa, Israel Katz, ha iniciado la creación de una «zona tapón de seguridad» en el sur del Líbano, una maniobra que implica el avance de tropas terrestres desde las llanuras de Kfarkila y Khiam. Esta incursión busca, según el mando militar hebreo, anular cualquier amenaza directa contra las comunidades del norte de Israel, marcando el inicio de la operación denominada “León Rugiente”.
La respuesta de Hizbulá no se ha hecho esperar, transformando el cielo en un campo de batalla tecnológico. El grupo chií ha lanzado enjambres de drones y misiles hacia bases estratégicas en el norte de Israel, incluyendo la base aérea de Ramat David y objetivos en la región de Haifa. Estos ataques, reivindicados como una venganza por el reciente asesinato del líder supremo iraní Alí Jameneí y la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, han puesto en alerta máxima a los sistemas de defensa antiaérea. Mientras tanto, en Beirut, las columnas de humo negro se han convertido en parte del paisaje urbano tras una nueva oleada de bombardeos israelíes que han golpeado el suburbio de Dahye, dejando un saldo de más de 50 civiles muertos en las últimas 48 horas.
Este conflicto no es un evento aislado, sino el epicentro de una deflagración regional que ya involucra a potencias globales. Con el precio del gas natural superando los 53 dólares debido a la inestabilidad y el desplazamiento masivo de más de 30,000 personas en territorio libanés, la crisis humanitaria comienza a desbordarse. El gobierno libanés, en un intento desesperado por frenar la devastación, ha anunciado la prohibición de actividades militares para Hizbulá, aunque en la práctica el grupo opera bajo su propia lógica de guerra abierta. Con Israel Katz advirtiendo que el nuevo líder de Hizbulá, Naim Qasem, es ahora un «objetivo marcado para su eliminación», el escenario apunta a una guerra de desgaste que, según portavoces militares, podría prolongarse durante semanas en un intento por redibujar el mapa de seguridad del sur del Líbano.