¿Error humano o fallo sistémico? La torre de control bajo la lupa tras la masacre aérea en El Alto

 ¿Error humano o fallo sistémico? La torre de control bajo la lupa tras la masacre aérea en El Alto

El peritaje del accidente del Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) ha dado un giro determinante. Jorge Valle, experto en aeronáutica, ha puesto el foco de la investigación no solo en los restos del fuselaje, sino en la comunicación invisible que precedió al impacto: los reportes enviados desde la torre de control del Aeropuerto Internacional de El Alto al piloto. La gran interrogante que ahora sobrevuela la avenida Costanera es si la tripulación contaba con la información meteorológica y de tráfico precisa para un aterrizaje que, dadas las condiciones de la zona y la carga de la aeronave, exigía un margen de error cero. Según Valle, es imperativo analizar los registros de voz y datos para determinar si hubo una mala interpretación de las coordenadas o un retraso fatal en las advertencias de seguridad.

El desglose técnico sugiere que un avión de las dimensiones de un Hércules, diseñado para transporte pesado, se vuelve extremadamente vulnerable durante la fase de aproximación final en la altitud de El Alto. El experto señala que se debe investigar si el piloto recibió alertas sobre cizalladura del viento (micro-bursts) o si existió una saturación en las frecuencias de comunicación que impidiera una maniobra de corrección a tiempo. «No se puede culpar al piloto sin antes auditar a quien le servía de ojos desde tierra», advierte Valle, sugiriendo que la cadena de errores podría haber comenzado mucho antes de que el ala del avión rozara los cables de alta tensión. El hecho de que la aeronave terminara impactando en una zona residencial densamente poblada indica que la «senda de planeo» se vio alterada drásticamente, ya sea por una falla mecánica repentina o por instrucciones erróneas que desviaron al gigante de metal de su ruta segura.

Esta fase de la investigación es crítica porque involucra la revisión de los protocolos de Naabol (Navegación Aérea y Aeropuertos Bolivianos). Valle insiste en que la transparencia de la torre de control es la única forma de dar respuestas a las familias de los 24 fallecidos. Mientras la caja negra es analizada, la sospecha de una «negligencia compartida» gana peso en los pasillos judiciales. Si se demuestra que los reportes de tierra fueron incompletos o tardíos, la responsabilidad del Estado pasaría de ser un accidente fortuito a una falla operativa institucional. El país aguarda el informe de los peritos internacionales, pero la clave, según los expertos locales, está guardada en las grabaciones de radio que captaron los últimos segundos de desesperación antes de la bola de fuego que cambió la historia de El Alto este 2026.

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