¡VÍCTIMA DE SU PROPIA SANGRE! BUSCAN POR CIELO Y TIERRA A VIOLADOR DE UNA MENOR EN LOS YUNGAS

 ¡VÍCTIMA DE SU PROPIA SANGRE! BUSCAN POR CIELO Y TIERRA A VIOLADOR DE UNA MENOR EN LOS YUNGAS

Lo que debía ser una jornada de trabajo familiar en los cocales de los Yungas de La Paz se transformó en una tragedia de abusos y traumas para una adolescente, quien rompió el silencio para denunciar haber sido violada por su propio tío. Según los escalofriantes testimonios recogidos tras la denuncia, el sujeto aprovechó la soledad de las plantaciones de coca y la confianza que la menor le tenía por su vínculo familiar para perpetrar el ataque, dejando a la víctima en un estado de profunda afectación psicológica. Tras cometer el vejamen, el agresor —plenamente identificado por la familia— se dio a la fuga, aprovechando el complejo terreno de la zona para evitar su captura inmediata, lo que ha desatado una cacería humana por parte de las autoridades y la movilización de los comunarios que exigen justicia.

El desglose de este caso revela una preocupante vulnerabilidad en los entornos laborales agrícolas, donde menores de edad a menudo quedan expuestos a situaciones de riesgo lejos de la protección institucional. La Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) ya ha activado los protocolos de búsqueda y aprehensión, mientras la víctima recibe atención multidisciplinaria para intentar mitigar el impacto de un acto que ha destrozado su entorno familiar. Los familiares, sumidos en la impotencia, han denunciado que el prófugo cuenta con ventaja territorial, pero advierten que no descansarán hasta verlo tras las rejas, apelando a la solidaridad de la población para que no se le brinde refugio ni ayuda en su huida.

Este hecho ha levantado una ola de indignación en la comunidad yungueña, donde se exige que el peso de la ley caiga con toda su fuerza sobre el responsable, sin considerar los lazos de consanguinidad que este utilizó como escudo para su crimen. La búsqueda se ha extendido a las trancas y rutas de salida de la región, bajo la premisa de que un agresor de menores suelto representa un peligro latente para la sociedad. Mientras la investigación avanza, el caso se convierte en un doloroso recordatorio de la urgencia de reforzar los mecanismos de protección infantil y la vigilancia comunitaria, asegurando que ningún «clima de confianza» familiar sea utilizado nuevamente como una trampa para violentar la inocencia de los más vulnerables.

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