«Paz y Lara se estrecharon la mano, unidos por el júbilo del aniversario orureño.»
Tregua en Oruro: Paz y Lara se estrechan la mano bajo un llamado a la unidad de la Iglesia
En el marco de los actos oficiales por la efeméride departamental de Oruro, el presidente Rodrigo Paz y el vicepresidente Edmand Lara protagonizaron un encuentro cargado de simbolismo político. Tras semanas de evidentes roces y críticas públicas, ambas autoridades coincidieron en el solemne Te Deum, donde un gesto de acercamiento captó la atención del país.
El mensaje del Obispo: «Como una buena yunta»
El momento central ocurrió en la Catedral de Oruro, cuando el obispo Cristóbal Bialasik invitó a los mandatarios a acercarse al altar. En un mensaje directo hacia la reconciliación nacional, Bialasik los bendijo y les pidió trabajar unidos «como hermanos, como una buena yunta de nuestro campo», enfatizando la necesidad de solidaridad y fraternidad para alcanzar el desarrollo de la patria. Como símbolo de protección y paz, la autoridad eclesiástica les hizo entrega de escapularios, instándolos a dejar de lado las diferencias por el bien común.
A pesar del saludo respetuoso durante el acto, donde el presidente Paz se refirió a Lara como «nuestro señor vicepresidente», el clima previo fue de alta tensión. Apenas unas horas antes de los actos protocolares, Edmand Lara había lanzado duras críticas a la gestión gubernamental, denunciando que «nada ha cambiado» en el país y exigiendo responsabilidad por la crisis del combustible: «Basta de echarle la culpa al gobierno anterior. Asuman la responsabilidad y cambien de ministro», sentenció el vicepresidente.
Más allá de la escena política, el presidente Rodrigo Paz aprovechó la festividad para anunciar importantes proyectos para Oruro, destacando una inversión superior a los 300 millones de bolivianos en diversas obras, como a la preservación de la Basílica del Socavón, proyectos estratégicos de infraestructura que incluyen carreteras, la consolidación del Puerto Seco y el potenciamiento de la zona franca.
La jornada terminó con una sensación agridulce para los analistas: mientras el gesto en la Catedral ofrece una imagen de tregua institucional, las profundas grietas internas en el Ejecutivo plantean dudas sobre si este «apretón de manos» en tierra orureña será el inicio de un diálogo real o simplemente un acto de cortesía obligada por la festividad.