¡GUERRA DE PODER! ADVIERTEN BAÑO DE SANGRE POR EL TRONO VACÍO DE MARSET

 ¡GUERRA DE PODER! ADVIERTEN BAÑO DE SANGRE POR EL TRONO VACÍO DE MARSET

La caída del imperio de Sebastián Marset en territorio boliviano no ha traído la paz esperada, sino que ha desatado lo que analistas de seguridad califican como una «espiral de violencia» de consecuencias impredecibles para la seguridad nacional. Expertos en la materia advierten que el repliegue o la captura del narcotraficante uruguayo han dejado un vacío de poder absoluto en las estructuras criminales que operaban bajo su mando, lo que históricamente desencadena una lucha fratricida y sangrienta por el control de las rutas, los laboratorios y los contactos internacionales. Esta disputa no se limita a las sombras, sino que amenaza con desbordarse a las calles, convirtiendo la pugna por la «sucesión» en un escenario de sicariato y ajustes de cuentas que ya empieza a encender las alarmas en los organismos de inteligencia del Estado.

El desglose de esta crisis revela que la caída de un «capo» de la magnitud de Marset genera un efecto dominó donde clanes menores y facciones disidentes intentan heredar el control del tráfico de sustancias controladas, utilizando la violencia como su principal herramienta de negociación. Según los especialistas, Bolivia se encuentra en un punto de inflexión donde el narcotráfico ya no solo busca el tránsito, sino el control territorial, lo que implica un enfrentamiento directo no solo entre bandas, sino contra cualquier institución que intente frenar su avance. La advertencia es cruda: la desarticulación de una red tan compleja suele venir acompañada de una «limpieza» interna dentro de la organización, donde aquellos que saben demasiado o que son vistos como una amenaza para el nuevo liderazgo son eliminados sistemáticamente para garantizar el hermetismo del negocio ilícito.

Esta situación coloca a las fuerzas de seguridad en una posición de extrema vulnerabilidad y exigencia, ya que no solo deben perseguir a los restos de la organización de Marset, sino también contener el surgimiento de nuevos «caudillos» del narcotráfico que buscan demostrar su fuerza mediante actos de violencia pública. La crudeza de esta disputa electoral criminal sugiere que la violencia que se vive actualmente es apenas el prólogo de una guerra interna que podría durar meses, afectando la percepción de seguridad ciudadana y desafiando la autoridad del Gobierno. La mirada de los expertos es clara: si el Estado no logra intervenir con contundencia en las zonas de influencia que dejó Marset, el país podría enfrentar una de las épocas más oscuras de su historia reciente en términos de criminalidad organizada.

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