¿GOLPE EN PUERTA? ALARCÓN DENUNCIA PLAN DE LA COB PARA DERROCAR AL GOBIERNO
El escenario político boliviano se ha visto sacudido por las explosivas declaraciones del diputado de Comunidad Ciudadana (CC), Carlos Alarcón, quien lanzó una advertencia frontal sobre lo que considera una estrategia de desestabilización orquestada desde la cúpula de la Central Obrera Boliviana (COB). Según el legislador, las recientes movilizaciones y el endurecimiento de las posturas de los sectores sociales no son simples demandas laborales o económicas, sino que forman parte de un plan político deliberado que busca forzar la caída del actual gobierno. Alarcón asegura que la intención de fondo de los dirigentes cobistas es allanar el camino para el retorno absoluto del Movimiento al Socialismo (MAS) al poder, utilizando el conflicto social como una herramienta de desgaste institucional que obligue a un quiebre en el mando del Estado.
El desglose de esta grave denuncia apunta a una supuesta alianza estratégica entre la dirigencia sindical y sectores radicales del oficialismo, quienes estarían aprovechando la crisis económica y el malestar ciudadano para impulsar una agenda de «golpe suave». Para el diputado Alarcón, la COB ha abandonado su rol de defensa de los trabajadores para convertirse en un brazo operativo político que busca generar el caos necesario para justificar una salida anticipada del Ejecutivo. El legislador sostiene que las amenazas de paros indefinidos y bloqueos de carreteras no tienen como objetivo final la solución de pliegos petitorios, sino la creación de un vacío de poder que sea capitalizado por las facciones del MAS, en un intento por retomar el control total del aparato público antes de las próximas elecciones.
Esta acusación eleva la tensión a niveles críticos, colocando a la Central Obrera en el ojo de la tormenta y obligando a los actores políticos a definir posiciones frente a la estabilidad democrática del país. Alarcón fue enfático al señalar que la ciudadanía debe estar alerta ante estas maniobras que, bajo el disfraz de reivindicación social, esconden intereses de grupos que se niegan a soltar el poder. Mientras el gobierno intenta contener los frentes de conflicto, las palabras de Alarcón resuenan como una señal de alarma sobre la fragilidad de la paz social en Bolivia, sugiriendo que el enfrentamiento entre el Legislativo, los sindicatos y el Ejecutivo está entrando en una fase de «todo o nada» donde el retorno de las figuras más polémicas del pasado reciente parece ser el objetivo final de la movilización callejera.